Mestalla se agota: un Valencia CF sin alma ni fútbol se despeña hacia el abismo
El planteamiento de Corberán naufraga ante un Real Madrid a medio gas, dejando una imagen de fragilidad mental y sequía goleadora que huele a descenso
El Valencia CF continúa su caída libre hacia el infierno de la Segunda División tras firmar una nueva exhibición de impotencia en Mestalla. La derrota por 0-2 ante el Real Madrid no es solo un mal resultado; es la confirmación de que el equipo dirigido por Carlos Corberán es un conjunto de cristal, incapaz de sostener la mirada a la competición en cuanto el viento sopla mínimamente en contra.
Lo vivido ayer fue un ejercicio de masoquismo para los 47.515 valencianistas que volvieron a llenar el estadio. Durante una hora, el equipo se limitó a correr y presionar con más voluntad que criterio, encomendándose a un Dimitrievski salvador y a un Unai Núñez que cumplió en su debut. Sin embargo, este Valencia es un equipo inofensivo. Las ocasiones de Danjuma y Lucas Beltrán se perdieron en la nada, evidenciando una alarmante carencia de pegada que convierte cada partido en una montaña imposible de escalar.
El desplome de un equipo roto
La tragedia se desencadenó en el minuto 65, cuando la pasividad defensiva alcanzó niveles sonrojantes. La zaga blanquinegra permitió que Álvaro Carreras se paseara por el área como si de un entrenamiento se tratara, batiendo a Dimitrievski por el palo corto ante la mirada petrificada de los centrales. Un gol que resume la temporada: falta de contundencia, falta de concentración y, sobre todo, falta de jerarquía.
Tras el golpe, el Valencia desapareció. Ni el poste de Beltrán logró despertar a un grupo que bajó los brazos de forma imperdonable. La sentencia de Mbappé en el descuento solo fue el epitafio a un partido donde la grada terminó estallando con una sonora pañolada contra la directiva y pitos para un cuerpo técnico y una plantilla que parecen no entender la gravedad de la situación.
Con solo 23 puntos y situados en la 17ª posición, el Valencia CF baila en el filo de la navaja. La impotencia crónica en casa ya no es un accidente, es el síntoma de un club que se desmorona a pasos agigantados.
