Los alimentos con «imperfecciones» ganan terreno: seis de cada diez consumidores están dispuestos a comprarlos
Un estudio de AINIA revela que la seguridad y la transparencia son más determinantes que la apariencia estética para reducir el desperdicio alimentario
VALÈNCIA. – La dictadura de la estética en los lineales de los supermercados podría tener los días contados. Según un reciente informe del centro tecnológico AINIA, elaborado dentro del proyecto europeo Breadcrumb, el 63% de los consumidores se muestra favorable a consumir alimentos que, pese a no cumplir con los cánones tradicionales de forma, tamaño o color, mantienen intactas sus propiedades de calidad y seguridad.
El estudio, que ha analizado el comportamiento de más de 1.700 personas en siete países europeos, pone de manifiesto que el rechazo a las frutas o verduras «feas» no es absoluto. De hecho, un 78% de los encuestados reconoce haber adquirido este tipo de productos en alguna ocasión. La clave, según los investigadores, no está en la irregularidad de la pieza, sino en la confianza: el consumidor acepta la imperfección siempre que se le garantice que el alimento es seguro y fresco.
Frutas y verduras: las categorías con mayor aceptación
La investigación destaca que los productos donde mejor se tolera la variabilidad estética son las frutas (73%) y las verduras (69%). En estos casos, el público tiende a asociar las formas caprichosas de la naturaleza con conceptos positivos como la autenticidad, la proximidad o una menor industrialización del producto.
Sin embargo, el informe también identifica barreras claras. El consumidor distingue entre una «forma rara» y señales que puedan indicar deterioro. Manchas, golpes o signos de sequedad siguen activando alertas sobre la seguridad alimentaria, lo que supone el principal freno para el 69% de los usuarios.
El precio y el «retail» como motores del cambio
Para que estos alimentos pasen de ser una excepción sostenible a una opción de compra habitual, el estudio propone varias estrategias comerciales:
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Ajuste de precio: El 66% de los compradores espera que estos productos tengan un coste inferior, percibiéndolo como una «compra inteligente».
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Puntos de venta estratégicos: Los supermercados e hipermercados se perfilan como los canales donde existe mayor confianza (69%) para normalizar estos productos.
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Segundas oportunidades: El proyecto también apuesta por transformar estas materias primas en ingredientes para purés, harinas o aromatizantes, evitando así que toneladas de comida se descarten simplemente por su aspecto.
En definitiva, Breadcrumb concluye que la lucha contra el desperdicio alimentario en Europa pasa por reeducar la mirada del consumidor y ofrecer una información clara que desvincule la belleza visual del valor nutricional.
