Ford reivindica su apuesta por EEUU frente a las críticas de Trump por sus acuerdos con China
La compañía defiende que su colaboración con empresas chinas no supone una operación de manufactura de propiedad extranjera y recuerda que mantiene el control de sus plantas.
Ford ha defendido que es el fabricante de automóviles «más estadounidense» frente a las acusaciones del Gobierno de Donald Trump, que ha cuestionado los acuerdos de la compañía con empresas chinas y su posible impacto en la seguridad nacional de Estados Unidos. Entre ellos figura el acuerdo alcanzado en España con Geely Auto, vinculado a la planta valenciana de Almussafes.
La respuesta de Ford llega después de que el secretario de Transportes de Estados Unidos, Sean Duffy, difundiera una carta en la que criticaba las relaciones de la compañía con empresas chinas. El fabricante considera que esta actuación busca «acaparar titulares a costa de una empresa que ha hecho más por la industria manufacturera estadounidense que prácticamente cualquier otra en la historia del país».
Ford sostiene que es el fabricante que más vehículos produce en Estados Unidos, el que emplea a más trabajadores de manufactura por horas y el que más vehículos exporta desde el país. «Ford es el fabricante de automóviles más estadounidense», ha reivindicado la compañía.
Respecto a sus acuerdos con empresas chinas, Ford ha defendido especialmente su relación con el fabricante de baterías CATL. La compañía asegura que se trata de un contrato «limitado de servicios y licencia tecnológica» y niega que constituya una empresa conjunta o una operación de manufactura de propiedad extranjera.
En este sentido, Ford recalca que es propietaria de la planta, controla su funcionamiento y emplea directamente a los trabajadores. La empresa también recuerda que la propia Casa Blanca había elogiado anteriormente uno de sus proyectos industriales en Marshall.
La compañía ha insistido finalmente en que, mientras otros fabricantes dependen cada vez más de vehículos importados desde países como Japón, México o Corea del Sur, su estrategia pasa por mantener una fuerte apuesta industrial por Estados Unidos.
