El Roig Arena se rinde a la épica de Hans Zimmer ante 12.000 espectadores
El compositor alemán agota las entradas en Valencia con un espectáculo vanguardista que recorrió sus bandas sonoras más icónicas, desde ‘Gladiator’ hasta ‘Interstellar’.
Valencia ha sido testigo este jueves de una noche histórica para los amantes del séptimo arte. El Roig Arena se vistió de gala para recibir el desembarco de Hans Zimmer, quien logró congregar a cerca de 12.000 personas en un evento que colgó el cartel de «todo vendido». Según ha informado el auditorio en un comunicado, el concierto se convirtió en una travesía sonora magistral por la historia reciente del cine.
Arropado por su orquesta y una puesta en escena de vanguardia, el maestro alemán dirigió una velada donde la épica y la melancolía se entrelazaron durante más de dos horas. El viaje comenzó sumergiendo al recinto en las sombras de Gotham; los acordes de ‘Like a Dog Chasing Cars’ y ‘Why So Serious?’ recordaron por qué su trabajo en la trilogía de ‘El caballero oscuro’ redefinió el género de superhéroes. Sin dar tregua, Zimmer transportó a los asistentes a las arenas de Arrakis con ‘Paul’s Dream’, demostrando la vigencia de su reciente éxito para ‘Dune’.
Un recorrido por el Olimpo de Hollywood
La primera parte del programa fluyó entre la acción de ‘Sherlock Holmes’ y la mística de ‘El Código Da Vinci’, alcanzando uno de los grandes hitos de la noche con el bloque de ‘Gladiator’. La interpretación de temas como ‘Honor Him’ y la emotiva ‘Now We Are Free’ pusieron en pie a un público entregado.
Tras el intermedio, la intensidad se mantuvo en todo lo alto con la aparición de ‘Origen’ y el célebre tema ‘Dream Is Collapsing’. Sin embargo, el corazón emocional del concierto latió con ‘Interstellar’. Piezas como ‘Day One’ o ‘S.T.A.Y.’ crearon una atmósfera hipnótica que envolvió cada rincón del arena.
El tramo final fue una celebración de la nostalgia y la aventura. Desde los rugidos de ‘El Rey León’ hasta el abordaje rítmico de la suite de ‘Piratas del Caribe’, la orquesta demostró una energía arrolladora. Para el cierre, Zimmer reservó su obra más icónica de la última década: ‘Time’. Las notas finales del piano pusieron el broche de oro a una noche donde el cine no solo se vio, sino que se sintió a través de la piel.
